Juventud y Participación
La última encuesta publicada por el Observatorio de la Juventud en España (2007) señala que el 50% de los/las jóvenes desconoce cualquier tipo de organización juvenil y que el 46% nunca ha estado asociado/a. Sólo el 28% declara estar asociado/a en el momento de realizar la encuesta. La simple pertenencia a un grupo y una asociación juvenil ya es una opción individual de participación porque supone su inmersión en un proyecto más amplio en su entorno, en un proyecto compartido de implicación y transformación social. ¿La juventud se siente representada por los movimientos asociativos? ¿Por qué no participa? ¿Cómo fomentar su participación para conocer sus inquietudes, intereses, opiniones y propuestas?... Son interrogantes sobre los que el Foro de Juventud del Plan Nacional sobre Drogas ha reflexionado a lo largo del pasado año.
Pedir la participación de alguien supone un reconocimiento de su persona, de su identidad, fomenta la percepción de pertenencia al grupo e invierte la de exclusión. Esto protege frente a vivencias de rechazo y conductas de riesgo relacionadas con tales vivencias. Que la juventud pueda aportar sus intereses, conocimientos, preocupaciones, propuestas… supone su integración en el conjunto de la sociedad, su aportación y creatividad en la misma, y refuerza un etiquetado más positivo de ella.
Los procesos participativos son una herramienta de transformación social. Establecer y difundir un conjunto de propuestas sin escuchar a los/las interesados/as puede suponer una baja implicación, indiferencia o, incluso, una actitud de rechazo hacia ellas. En cambio, una juventud informada, conocedora de sus derechos, preparada en temas concretos como es el de las políticas preventivas, está capacitada para trabajar en común en la creación de nuevas acciones y políticas. La participación para este trabajo en común, para este codiseño de las acciones, fomentará la responsabilidad e implicación en la toma de decisiones, y la motivación y la implicación en el desarrollo de las mismas. Es decir, facilitará una actitud más positiva y una mejor respuesta frente a las mismas.
Participar ofrece a la juventud un mayor conocimiento y un mayor control sobre planes, acciones y recursos. A veces los/las jóvenes no conocen los mecanismos para llevar a cabo sus iniciativas y esto hace que se salten los límites establecidos (por ejemplo, que salten la valla y entren a un centro cerrado para usar sus instalaciones). Es importante que participen y se informen de cómo y dónde pueden acudir para proponer y realizar sus proyectos, y para ello es necesario establecer canales de comunicación con ellos y ellas, una comunicación fluida en la que el mensaje se transmita sin interferencias.
Aumentando la participación juvenil en las políticas preventivas se obtendrían unos objetivos, procesos y resultados que serían una respuesta más fiel a sus necesidades, una respuesta más eficaz en la medida en que resuelva las preguntas que la propia juventud plantea. Es necesario tenerles presentes y tenerles en cuenta y establecer las vías que puedan posibilitarlo.